Por: Redacción Panorama San Jacinto

San Jacinto, Bolívar · Abril, 2026

Mientras los grandes discursos sobre el desarrollo resuenan en los pasillos de la Alcaldía, en el corazón de la zona rural de San Jacinto, la realidad se abre paso a través de profundas grietas y espesos lodazales. El estado de las vías terciarias del municipio ha pasado de ser una preocupación a convertirse en una emergencia social y económica crónica que tiene a miles de campesinos al borde de la desesperación.

Recorrer las rutas que conectan la cabecera municipal con corregimientos cruciales como Las Palmas, San Cristóbal, Paraíso, Bajo Grande y Arenas es, hoy por hoy, una odisea que pone en riesgo la vida, la economía y la dignidad de las comunidades. Lo que deberían ser arterias de progreso son, en cambio, trampas mortales que estrangulan el sustento de la «Tierra de la Hamaca».

La economía, en punto muerto

La consecuencia más inmediata y dolorosa del deterioro vial es el impacto en la comercialización de productos agrícolas. San Jacinto es una despensa natural de yuca, ñame, maíz y frutas, pero esta riqueza se pudre en las fincas. El pésimo estado de los caminos duplica y hasta triplica los costos de transporte, cuando no hace imposible el acceso de vehículos de carga.

«Es una impotencia terrible ver cómo el trabajo de meses se pierde porque ningún camión quiere entrar por este barrial. Los fletes son impagables y a veces toca sacar la carga en mula, perdiendo tiempo y calidad», comenta con frustración un líder campesino del corregimiento Paraíso, quien prefirió reservar su nombre por temor a represalias administrativas. «Nos sentimos ciudadanos de tercera clase, abandonados a nuestra suerte».

La falta de mantenimiento también ha encarecido el costo de los víveres básicos que llegan a las tiendas rurales, golpeando el ya afectado bolsillo de las familias Sanjacintero.

Salud y educación, derechos bloqueados

Pero el problema no es solo económico. La intransitabilidad de las vías afecta directamente el acceso a derechos fundamentales. Múltiples testimonios dan cuenta de la dificultad de trasladar enfermos a los centros de salud en la cabecera municipal. Traslados que en condiciones normales tomarían una hora, hoy se extienden por tres o cuatro, convirtiéndose en factor crítico entre la vida y la muerte.

Asimismo, la deserción escolar en la zona rural se ha disparado. Los caminos fangosos y peligrosos impiden que muchos niños y jóvenes lleguen a sus escuelas, especialmente en la temporada de lluvias, interrumpiendo su ciclo educativo y perpetuando el círculo de la pobreza.

Una administración ausente y una inversión «fantasma»

Frente a este panorama desolador, la mirada de la comunidad se posa, inevitablemente, sobre la administración municipal liderada por la alcaldesa Merly Viana Pérez. La percepción generalizada es de una indiferencia alarmante. Las promesas de campaña de mejorar la infraestructura rural se han diluido en el tiempo, dejando paso a una «poca o nula inversión» real, según denuncian líderes comunitarios.

«No vemos maquinaria, no vemos materiales, no vemos voluntad política. La alcaldía parece gobernar solo para el casco urbano, olvidando que el campo es el motor de San Jacinto», señala otro miembro de una Junta de Acción Local. «Los parches que se hacen son temporales y de mala calidad; con la primera lluvia fuerte, el camino vuelve a ser el mismo desastre. Exigimos soluciones de fondo, no ‘pañitos de agua tibia'».

La falta de transparencia en la ejecución presupuestal para vías terciarias es otra de las quejas recurrentes. La comunidad exige cuentas claras sobre dónde y cómo se están invirtiendo los recursos destinados al mejoramiento vial, sospechando que los montos aprobados en el Concejo Municipal no se reflejan en la realidad del territorio.

Un llamado a la dignidad y la equidad

El campo Sanjacintero no aguanta más. La paciencia de las comunidades rurales se agota ante la indolencia administrativa. Mejorar las vías terciarias no es un lujo, es una inversión en dignidad humana, en seguridad alimentaria y en el futuro de todo el municipio.

San Jacinto no puede pretender hablar de «turismo» o «emprendimiento» si sus bases productivas están incomunicadas y marginadas. Es hora de que la administración de Merly Viana Pérez reconozca la deuda histórica con la zona rural y ejecute un plan de intervención vial real, serio y sostenido que devuelva la esperanza a quienes cultivan la tierra. El olvido ya no es una opción; la dignidad del campo Sanjacintero está en juego.

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